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Mostrando entradas de febrero, 2014

Una mujer... con etiqueta

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Ahí está ella, lo más campante con la etiqueta de la blusa colgando en la espalda, como diciendo: ¿ven?, estoy de estreno.
Tuve intenciones de hablarle pero no me animé, pues con ella había un grupo de personas (convenientemente ocultadas en la foto) y me costaba entender que ninguna de ellas se hubiera dado cuenta del peculiar artilugio que adornaba la espalda de su compañera de mesa.
Era difícil no sonreír. Tal vez la señora estaba cansada de que le preguntaran cuánto le había costado tan hermosa prenda o dónde la había comprado.
Pues ahí lo tienen… Lean y no me molesten más.
¡Guapa! Yo te reivindico, anónima mujer. Antes de que la pandilla de prejuiciosos que andan/andamos por el mundo te etiqueten, gánales de mano, cuélgate tu propia etiqueta y mándalos a tomar… lo que tengan ganas.

La maleta del emigrante

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Ahora,
en esta hora inocente,
yo y la que fui nos sentamos
en el umbral de mi mirada.

                              (Alejandra Pizarnik)

Querida gente, les presento a unos de mis libros, que cuenta una historia que puede ser la mía, la de Juan, Camilo, Evaristo, Dorinda, Emilio, Dolores, Maruxa, Manuel, Modesta… Y hasta la de Lina, una mujer que al perder su maleta de emigrante su mente extravió los recuerdos. Entonces comenzó a recordar con la morriña del alma, que jamás muere.

A continuación les dejo el párrafo que está en la contraportada de “La maleta del emigrante”, que tal vez les aclare un poco más de qué va este libro.


“(…) Quizá sean ideas mías, abuelo, pero siento que este diciembre de aquí no es totalmente mío como el de allá. Aquí nada es mío, como si estuviera siempre de visita. Doña Francisquita dice que eso es así al principio pero después echamos raíces y ya nos sentimos como en casa. ¿Después cuándo, abuelo? ¿Después de qué?”.
Así le escribía una niña de diez años al abuelo…

El limonero de Axel

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Pobre limonero de fruto amarillo
cual pomo pulido de pálida cera,
¡qué pena mirarte, mísero arbolillo
criado en mezquino tonel de madera!



Los versos de Antonio Machado poco tienen que ver con el limonero que crece en mi balcón. Lo de, “qué pena mirarte, mísero arbolillo” no le compete, aunque el “mezquino tonel de madera” por el momento es lo que hay.
Yo lo miro maravillada, y le declaro mi amor cada vez que lo riego mientras acaricio sus hojas intensamente perfumadas… de limón.
Es que es un arbolito muy especial. Nació de las manos de uno de mis amores, el de los ojos verdeazules más hermosos del mundo mundial: Axel. Un día de hace unos cuantos meses el peque agarró un medio limón y me preguntó si le podía sacar las semillas y ponerlas en una maceta con tierra para que creciera un limonero.
Desde luego que acepté, solo por darle el gusto (las abuelas tenemos el sí fácil), pues debo confesar con cierta vergüenza que no le tenía mucha fe al experimento. Axelito distribuyó las semillas …