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Mostrando entradas de agosto, 2009

El cajón de mis recuerdos

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Sin duda el tiempo está desorientado, confundido, trastocado, aturdido, y si no cómo es posible que el invierno de Buenos Aires nos “regale” 34 grados de temperatura. Y el confundimiento nos alcanza por igual a la naturaleza y a los sufridos mortales. Así veo cómo las plantas de mi balcón florecen y se llenan de renuevos como en plena primavera, y yo por no ser menos me pongo en situación y ocupo la tarde en ventilar rincones, airear placares, poner ropa de verano donde tendría que estar la de invierno. En fin, que en mi trasegar de confusiones climáticas me topé, sin pensarlo, con el poco visitado cajón de mis recuerdos, y antes de que pudiera darme cuenta estaba militando en la memoria, buscando el tiempo perdido en fotos, tarjetas de felicitación… y un cuaderno de tapas azules en el que les escribía a mis abuelos Pilar y Joaquín cuando estaba dando mis primeros pasos de emigrante (con tan solo once años) y que nunca quise mandárselas porque ellos no sabían leer y me negaba a que al…

Lo que se hereda no se compra

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Ayer, a eso de las 22 horas estaba yo descansando de un largo día e intentado terminar “La cruz invertida”, del genial Marcos Aguinis, cuando escuché que alguien intentaba abrir la cerradura de la puerta de entrada de mi apartamento, de manera insistente y ruidosa. Yo no esperaba a nadie, así que lo primero que hice fue saltar del sillón donde estaba sentada y correr al pasillo para ver clavar los ojos en la puerta esperando con pavor que el intruso le ganara a la cerradura y tomara por asalto mi casa. El corazón amenazaba con salírseme del pecho. Quien fuera que quería entrar no tenía la llave correcta, por lo tanto algo andaba mal. Para ser ladrón era demasiado ruidoso, pensé, pero como en la vapuleada Buenos Aires en cuestión de inseguridad puede pasar cualquier cosa, lo primero que se me ocurrió fue agarrar el teléfono para llamar a la policía; no, mejor llamaría a mi vecino del apartamento de al lado, o a mi vecina del piso de arriba. Pero tan pronto como lo pensé una parte de mi…

Hoy quiero ser feliz

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Hoy quiero ser feliz, decididamente feliz.
Hoy quiero incorporarme de mi sueño y recuperar los besos que perdí hacia ninguna parte.
Hoy quiero ver el día color esperanza, como un bolero: “Amanecí otra vez entre tus brazos…”.
Hoy quiero pegarle una patada al televisor, darle vuelta y que caiga la violencia de género y todas las violencias; las guerras, las bombas, la estupidez, la mediocridad y los atracadores que asaltaron el paraíso para que nosotros nos quedásemos sin él.
Hoy quiero abrazarme a una copa de buen vino y sostenerla entre mis dedos melancólicos, que recuerdan caricias lejanas y sonrisas de melocotón de la adolescencia.
Hoy descartaré las palabras que son como balas y las sustituiré por otras de terciopelo azul: paz, te quiero, te extraño, amor, amistad, fraternidad, no te vayas nunca, corazón. Palabras que despierten tus ojos y te vuelvas hacia mí, como un girasol.
Hoy no quiero pensar que el hombre tiene algo de lobo. Prefiero creer que en algún recodo de su alma también…

¿El amor puede sobrevivir a la convivencia?

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Te quiero, amor, amor absurdamente,
tontamente, perdido, iluminado,
soñando rosas e inventando estrellas
y diciéndote adiós yendo a tu lado.

Los poetas siempre le cantan al amor y a su más perecedera compañera, la pasión. Sin embargo, ¿alguien le cantó alguna vez a la poco romántica convivencia? Y eso que convivir también tiene sus cosas buenas, positivas, enriquecedoras y estremecedoramente reales. Ya no estamos “inventando estrellas” sino que nos estrellamos contra la más pura y cruel de las realidades.
Sin duda cuando nos enamoramos nuestra vida se sitúa en otra dimensión, en otro espacio inconmensurable. Nuestros pies están a metros del suelo porque el amor nos mantiene etéreos y nada ni nadie nos puede hacer bajar de esa nube blonda, acogedora, donde solo él/ella nos puede alcanzar porque los dos estamos en la misma nube-frecuencia, estado de enajenación y hasta diría de estupidez, hermosa, a qué negarlo. Los/las que algún día se enamoraron hasta las trancas lo entenderán, pero solo …