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Mostrando entradas de julio, 2009

Las cartas calladas

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La casa está en silencio. Nada se mueve, excepto su mano empuñando el bolígrafo. Las palabras calladas, mudas van cayendo sobre el papel y luego rebotan en su cráneo con un sonido ensordecedor, que no parece afectarle al hombre que la mira sonriente desde la fotografía que preside la mesa.
“Muchas cosas me vienen a la cabeza, al galope, mientras la noche va entrando silenciosamente por mi ventana como una mariposa negra, mediocre, igual a todas las noches en que me abraza tu ausencia, con ese apretar de pena honda y profunda que hace doler la sangre”.
Afuera solo se escucha el soplido del viento en el violín de los pinos. Su mano dibuja palabras que duelen, que no quiere escribir, pero ya es hora, esta vez sí.
“En la espera siempre hay un rumor a margaritas rompiéndose, desgajándose en un tiempo que no va a ningún lado, porque solamente está hecho de vigilia. No es necesario que te diga que en el paisaje de mis noches sin ti todo es silencio y soledad, ese sentimiento inútil, sin destin…

A la mujer en el espejo

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Llueve y me atrapa la melancolía. No la tristeza, sino una dulce melancolía invernal.
Te queda muy bien ese nuevo color de pelo. ¿Te lo dije esta mañana? Lo importante es que no cambiaste porque estuvieras deprimida, angustiada, decepcionada, perdida en ti misma sin saber cómo encontrar el camino de regreso al centro de tu alma. Esta vez es solo porque te gusta cambiar, porque te asusta la rutina, porque sí, porque te la gana.
Llueve como una plegaria, sobre el árbol desnudo que custodia mi ventana, sobre el asfalto, sobre las plantas de mi balcón, sobre mi melancolía y la tuya. Y ahora que lo pienso, es un buen momento para pedirte perdón. Sí, de verdad, deja ya esa sonrisa irónica, escéptica. Perdón por las veces que te insulté de la peor manera desde este lado, por los días que te hice llorar, perdón por exigirte hasta el límite de tus fuerzas solo para que los demás te vieran tal cual ellos querían verte. Perdón por olvidarme de ti cuando más me necesitabas. Perdón por no quererte…

La servilleta del bocazas

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Una mudanza es mucho más que cambiar de casa, hogar, domicilio, residencia, vivienda. Varias palabras para definir el lugar que mejor conoce nuestros secretos más íntimos.
En eso andaba hace unos días mi amiga Paula, y como sé lo estresante que puede resultar mudarse (yo pasé por eso varias veces) el día anterior al traslado fui a ayudarla en el agotador trabajo de empaquetar, poner en cajas, canastos, etc., todo aquello que llevarían la nuevo hogar. Lo que más le dolía a mi amiga era que muchas de las cosas que había guardado por tener mucho lugar disponible y no porque fueran necesarias, tendría que dejarlas.
El apartamento a donde se mudaban, si bien es cómodo no lo es tanto como para seguir acumulando “recuerdos”, según Paula, o “porquerías”, según su marido desde hace treinta años. Y ahí es cuando comenzaron las discusiones entre el matrimonio. No había manera de que se pusieran de acuerdo sobre qué dejar y qué llevar, hasta que Roberto decidió tomarse un descanso y con un sobera…

Muchas palabras y pocas verdades

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Palabras, palabras y más palabras.
Inteligentes, estúpidas, informadas, desinformadas, contradictorias, repetitivas. Desde hace casi dos semanas los argentinos sufrimos un vendaval de palabras de boca de expertos y seudoexpertos en virus, que desde la pantalla del televisor nos explican cómo lavarnos las manos, con jabón, con alcohol (con gel o sin), cómo estornudar de manera ¿correcta?, apuntando a nuestro antebrazo (qué asco!!!) nuestras secreciones y posibles virus, y si usamos pañuelos de papel (lo habitual, digo yo) desecharlos en una bolsita de plástico.
Bla, bla, bla, bla, bla
¿Y lo del barbijo? (tapaboca, mascarilla, según de donde sea). Ah, eso es para hacer una tesis. Unos dicen que no sirven para nada, que si lo queremos usar como placebo, allá nosotros. Otros aconsejan que “solo” lo usen los que estén enfermos, es decir casi como un estigma, cosa que cuando suban a un autobús o entren al supermercado, todos lo señalen con la impiadosa mirada de “¡está enfermo!”. Pero también…

Ya te estoy extrañando, Galicia!!

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En la pulpería Os Concheiros, cerquita de la estación de autobuses de Santiago, se puede saborear un exquisito pulpo, regado con el infaltable vino de la casa. Aquí nos acompañan a Orlando y a mí, mi amiga Maruxa y su hija Rocío. El marido de Maruxa, Eduardo, está sacando la foto.


Cómo me gusta tomar unhas tapas neste sitio da Rúa do Franco de Santiago!




En el histórico restaurante Asesino de Santiago se come muy bien aunque te asesinan un poco el bolsillo.

Seguramente estarán pensando que lo único que hago cuando voy a Galicia es comer.
Pues si bien es cierto tan bien lo es que disfruto de todo cuanto hay en mi querida y añorada tierra. No me pierdo de nada!


Este é O Busto, o pobo onde nacín. Mi lugar en el mundo.


Y sí, también hice el Camino de Santiago, desde O Cebreiro.



"Atreverse" a ir al teatro

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Durante el mes de julio, mi primera (y única por el momento)obra de teatro llamada "Atreverse", se estará dando en el Teatro Luisa Vehil de la Ciudad de Buenos Aires, a cargo de la compañía "Alecrín", dirigida por Maisa Ouzande.
La verdad que no nos tocó una buena época, pues con la emergencia sanitaria a causa del virus de la gripe A la gente se está resguardando de concurrir a los espectáculos públicos. Pero bueno, ya está el compromiso con el teatro así que esperamos que los espectadores se "atrevan", tomando los recaudos que sean necesarios, pues van la van a pasar muy bien. Ojalá que "Atreverse" tenga el mismo éxito de su estreno en el Teatro Castelao, y siguientes funciones en distintas salas.
Es una obra que quiero mucho, quizá porque la escribí en una época conflictiva de mi vida, que también podía, y puede, ser reflejo de muchas mujeres, tengan la edad que tuvieren.
Lo que sigue es una reseña publicada en
http://www.alternativateatral.com…