Entradas

Mostrando entradas de noviembre, 2013

La rosa los los vientos

Imagen
Hay días que necesitamos más que nunca de la rosa de los vientos para no perdernos en la tristeza.
Mi querida amiga Carmen N. se está despidiendo del mundo sin saber cuánto la queremos quienes tuvimos la suerte de conocerla. No lo sabe porque una perversa enfermedad llamada Alzheimer le ha robado el pasado, el presente y hasta el futuro. ¡Te quiero amiga!!! Y eso nadie te lo podrá quitar, aunque ya no puedas recordarlo...

Botellas al mar

Imagen
Esta mañana he tirado otra botella al mar. Una más, réplica de otras que tuvieron la misma suerte en los últimos meses. Son tantas que los de Greenpeace podrían denunciarme por contaminación.
Hasta ahora no tuve respuesta, es decir: ningún aventurero/a que navegan las inciertas aguas del mar de los sueños ha recogido mis mensajes. Pero sigo insistiendo. Es que soy optimista. Arrebatadamente.
Me pregunto cuántas personas se pasan —nos pasamos— la vida tirando botellas al mar esperando que en algún momento alguien decida recogerlas para poder cumplir ese sueño que nos desvela.
Es que somos lo que soñamos. Somos, también, lo que perdemos.
Pero hoy prefiero concentrarme en lo primero, en los sueños, en las botellas que navegan ilusionadas en busca de un alguien que las procree.
Sé que el mundo no es de los soñadores, ¿pero se imaginan un mundo sin nosotros? Sin sueños la vida sería estúpida, inútil, banal…
Sigamos soñando, entonces, a pesar de que cada vez haya menos corsarios y corsarias…

Un carrito en el trasero

Fila en el supermercado. Adelante, cinco personas. Detrás, unas cuantas más que no eran de mi incumbencia, si no fuera por la individua que me seguía en la larga hilera de pacientes compradores.
La susodicha me marcaba tan de cerca que su carrito de la compra se refregaba peligrosamente contra la parte baja de mi espalda. Comencé a sentirme incómoda y malhumorada. Siempre me sucede cuando la gente hace alarde de su mala educación e indiferencia hacia el semejante.
Entonces giré la cabeza y le busqué la mirada a ver si se daba cuenta de que me estaba molestando. Inútil. La individua estaba muy entretenida mandando mensajes de texto y solo levantó la cabeza para mirarme de soslayo cuando le hablé: “Por favor, ¿podrías dejar un espacio entre tu carrito y mi trasero?”.
La individua no contestó, solamente retiró unos centímetros el artefacto y luego volvió al mundo virtual de la pantalla del móvil. Respiré aliviada; no tenía ganas de meterme en una discusión. Concentré la atención en la ca…